POB. O’HIGGINS, COLOR ESPERANZA

Jamás pensé que todo resultaría tan rápido. Mucho menos imaginé que terminaría emocionándome, pero fueron muchas horas trabajadas a diario para transformar esos sueños, que en ese entonces sólo adornaban hojas de papel, en una realidad palpable para cada uno de los soñadores.
Recuerdo con gracia y real cariño el día que como equipo nos acercamos por primera vez a la Población O’higgins. Aquel día, incluso antes de presentarme, fuimos increpados por la Sra. Juana, por llegar atrasados y hablar nuevamente de un proyecto que “jamás sería ejecutado”. Y se manifestaba con justa razón, al menos hasta ese entonces.
Cómo olvidar el día que con nuestro equipo municipal fuimos a realizar mediciones a terreno, y al comentarle a una vecina que estábamos rematando el perfil del Proyecto según metodología Inversión Pública (FNDR), dijo que el día que le salieran vellosidades en ciertas partes de su envejecida anatomía la obra sería realizada.
Imposible olvidar la expresión facial desencajada de -en ese tiempo- nuestro practicante (hoy Ingeniero Comercial de la SECPLAN) cuando comenzó la presión popular en asamblea de la Junta de Vecinos y al subir el tono del debate pensó que en esta si que “nos aforraban”.
Finalmente, y dando gracias de que así sea, ayer fue el día en que nuestra estimada vecina se tendrá que comprar una buena crema depiladora y una máquina de afeitar, y nosotros pudimos concretar una parte del gran sueño (compartido, por cierto) de lograr la conectividad total de la Población O’higgins y así proveer de una solución definitiva al problema.
Muchas rostros vimos, y muchas personas conocimos en el camino. La contención emocional inicial fue lentamente dando paso a un sentimiento diferente, a un lazo afectivo real, el que se debe en gran parte a la calidez de la Sra. Miriam Lara, Presidenta de la Junta de Vecinos, y a quien me siento orgulloso de conocer en esta breve y efímera vida pública.
Hoy, nuestro Alcalde enfatizó: “se acaba el barro en invierno y la tierra en verano” (condición en la cual aún se encuentran miles de chilenos) y la Sra. Miriam dijo:“un sueño hecho realidad”. Utilizo estas citas textuales a modo de reflejar el impacto de la obra a la que hago mención en la vida de las familias que habitan el sector: La Pavimentación de la Población O’higgins. Porque ese es el fin de las grandes obras, generar impacto, mejorar la calidad de vida, facilitar el día a día a todos los vecinos, y dar real solución a los problemas que les aquejan. Me siento orgulloso y satisfecho, por haber sido líder del equipo que logró concretar ese sueño y cumplir con la meta encomendada por nuestro Alcalde.
En un instante, la gente murmullaba, los niños jugaban, las señoras trabajaban afinando los últimos detalles del sencillo pero significativo cóctel realizado con mucho esfuerzo con aportes de la comunidad (cuestión que le otorga doble valor), los perros giraban sus colas a 1000 revoluciones por minuto (hay tantos, que creo que ahora que está pavimentado, les exigirán restricción perruna o convertidor cacalítico para poder circular). Sin duda alguna, fue un pequeño instante de felicidad para los vecinos, que vieron como el sueño de una vida fue hecho realidad. Pero no sólo para ellos fue un instante de felicidad, sino también para todos los que contribuimos en algo, ya que disfrutamos con las sonrisas de sus niños, con la anulación de una pequeña preocupación para sus padres, con la tranquilidad que proyectaban al ver un pequeño sueño cumplido.
Pero las necesidades son múltiples, progresivas y jerarquizables, y ahora de seguro una nueva misión deberá ser atendida a la brevedad por profesionales que nuevamente dedicaran muchas horas de trabajo, pero apoyados siempre por ellos, los dirigentes de cada uno de los sectores, que dedicarán horas extras de amor para cumplir su función: “hacer los sueños realidad”.
Porque los sueños con esfuerzo se hacen realidad. Es verdad, nos pueden quitar todo lo material, pero jamás pueden quitarnos lo imprescindible: nuestra capacidad de soñar, de pensar en cosas grandes para nuestra comuna, porque siempre la vida suele darnos pequeñas satisfacciones a los soñadores. La vida espero se tiña muchas veces así como el día de ayer 20 de Julio: de COLOR ESPERANZA, porque la esperanza y “saber que se puede, creer que se pueda…” es lo último que se pierde. Un abrazo para todos, y especialmente a mis amigos de la Población O’higgins, que a través de una obra concreta vieron que quien persevera triunfa y que los sueños…SÍ SE HACEN REALIDAD.
Para Tejemedios
Gonzalo Fuentes Bravo
Ingeniero Comercial